Madre no hay más que una…

Esta entrada va por todas las mamás del mundo. Aunque se merecerían que escribiésemos un libro de un millón de páginas hablando maravillas de ellas, nosotras ponemos nuestro granito de arena con este pequeño escrito que esperemos que os llegue al corazón…

 MME - mama

Nuestras madres siempre están ahí desde el preciso instante que salimos de su vientre. Se crea un vínculo realmente fuerte y natural con ellas provocando que estas siempre se preocupen por nosotros.

Ser madre es mucho más noble que sonar narices y lavar pañales, es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen leche…

Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando las mandan callar o les empujan la puerta en las narices…

Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega hacerse la dormida para no fastidiar.

Es temblar cuando el hijo aprende a conducir, a ir en moto, se afeita, se enamora, presenta exámenes o le sacan las amígdalas.

Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo.

Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno.

Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan pero el amor es dar y recibir, y nuestras madres se merecen recibir todo el amor que nos han dado y nos dan. Sobretodo cuando llegan a la vejez, las tornas se cambian y somos nosotr@s los que cuidaremos de ellas, les daremos cariño y afecto, en resumen, les devolveremos un trocito de lo mucho que ellas nos han dado.

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Como ya sabéis, siento debilidad por los cuentos breves y hoy como la ocasión se lo merece os dejo con un cuento de Paulo Cohelo sobre las mamás. Me encantó la primera vez que lo leí por ser una bella pincelada de realidad y por ello hoy lo quiero compartir con vosotros:

El día en que Dios creó a las madres (y ya había pasado el día y la noche durante seis días), un ángel se le apareció y le dijo:

– ¿Por qué esta creación está dejándote tan inquieto Señor?

El Señor le respondió:

– ¿Has leído las especificaciones de esta orden?

1 – Ella tiene que ser totalmente lavable, pero no puede ser de plástico.

2 – Debe tener 180 partes móviles y substituibles, funcionar a base de café y sobras de comida.

3 – Tener un regazo suave que sirva de almohada para los niños.

4 – Un beso que tenga el don de curar cualquier cosa, desde una herida hasta un sufrimiento de amor,

5 – Y tener seis pares de manos para cumplir con todas las tareas.

El ángel sacudió lentamente su cabeza y le dijo:

– ¿Seis pares de manos Señor? – Parece imposible!?!

– “Pero el problema no es ese “, dijo el Señor – “son los tres pares de ojos que esta criatura tiene que tener.”

El ángel, con un sobresalto, le preguntó:

– ¿Para qué?

– Un par de ojos para ver a través de las puertas cerradas, para cuando se pregunta que están haciendo los niños allí­ dentro (aunque ella ya lo sabe); otro par en la parte posterior de la cabeza, para ver lo que no debería, pero tiene que saber; y ojos normales, por supuesto, capaces de consolar a un niño llorando, diciendo: – “Te entiendo y te amo! – Sin decir una palabra.

Y el ángel comenta:

– Señor … es hora de dormir. Mañana será otro dí­a.

Pero el Señor le explica:

– No puedo, está casi lista. Ya tengo un modelo que se cura cuando se enferma, que puede alimentar a una familia de seis con una libra de carne molida y puede convencer a un niño de 9 años que se bañe…

El ángel lentamente dio la vuelta al modelo y habló:

– Es muy delicada Señor!

Pero el Señor dijo con entusiasmo:

– Pero es muy resistente! No te imaginas lo que esta persona puede hacer o soportar!

El ángel, analizando mejor la creación, observa:

– Hay una fuga Señor…

– No es una fuga, es una lágrima!

Y esta sirve para expresar alegría, tristeza, dolor, soledad, orgullo y otros sentimientos.

– Eres un genio, Señor! – dijo el ángel emocionado con la creación.

– Pero no fui yo quien puso esa lágrima ahí­. Sólo apareció…

Nuestras madres nos quieren y nos cuidan todos los días de su vida. ¿Cuánto hace que no tienes un detallito con ella? ¿O le dices lo mucho que la quieres? ¿O le das un abrazo de esos que te cortan la respiración? Al fin y al cabo, nada les hace másfeliz que el amor de sus hijos…

1f819b630bd2036c3764d7cb90680ae0¡Te quiero mamá!

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