Estar guapa a los 50: belleza en la edad madura

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Sumar años y experimentar los cambios propios de la menopausia no está reñido con lucir un aspecto espectacular. Aunque la cosmética esté de nuestra parte, no debemos olvidar lo esencial: adaptar nuestros cuidados a esta nueva etapa.

En la actualidad disponemos de infinidad de cosméticos que nos ayudaran a frenar las huellas que la edad va dejando en nuestra imagen. Ello no significa que no debamos ser concientes de la edad que tenemos y, sobre todo, de los cambios que el proceso natural del envejecimiento producen en el organismo.

La menopausia es uno de los momentos en que los cambios son más numerosos y frecuentes. Esta etapa estará marcada por la disminución de estrógenos, conllevando la pérdida de lípidos, agua y colágeno. Por ello, la manifestación más visible de la piel durante la menopausia es su adelgazamiento y sequedad, de manera que se vuelve más fina y transparente: será más delgada por la disminución de la capa de colágeno y más seca por la reducción en la secreción de sebo de las glándulas sebáceas. Todos estos cambios conducen a una epidermis más rugosa, seca y dura.

A los efectos colaterales del climaterio femenino hay que unir otros factores implicados en el envejecimiento cutáneo. La piel experimenta cambios a lo largo de toda la vida de la mujer condicionados por el propio ciclo biológico y también por factores intrínsecos (herencia, raza) y extrínsecos (exposición solar, hábitos alimenticios, el consumo de tóxicos, etc.). No obstante, para ralentizar y disminuir la intensidad a largo plazo de estos factores y de la menopausia en la dermis es necesario que los cuidados de la piel se adopten desde la infancia, de forma que cuando la falta de estrógenos se presente, la piel tenga una buena calidad e hidratación.

Los principales cambios que empieza a experimentar el cuerpo y la piel femeninos antes de los 60 años son:

  • disminución de la cantidad y actividad de los fibroblastos (las células más comunes del tejido conjuntivo)
  • reducción del colágeno, la elastina y, también, la vascularización
  • disminución de las secreciones sudoríparas y sebáceas.
  • la piel se vuelve afinada, con pérdida de elasticidad
  • acentuación de las arrugas de expresión y gravitatorias
  • atrofia del tejido conjuntivo
  • alteración de la pigmentación (aparición de manchas).

Ante estos cambios existen 5 gestos fundamentales basados en el cuidado de la piel en este momento de la vida femenina: Limpiar, Exfoliar, Hidratar, Estimular y Proteger. Y para ello, tendremos que incluir en la rutina de cuidados diaria cinco gestos esenciales:

  • Limpieza: La limpieza del rostro se realiza por la mañana y por la noche con productos no detergentes. Por la noche, lo mejor es recurrir a un desmaquillaje minucioso con leche limpiadora, un producto que emulsiona la secreción grasa acumulada durante el día. Con maquillaje o sin él, la limpieza por la noche es indispensable y, después, el tónico. También se puede realizar la limpieza con agua micelar .
  • Exfoliación: Todo lo que se haga para acelerar la renovación de las células cutáneas redunda en un mejor estado de la piel. Este gesto es fundamental para acelerar la eliminación de las células superiores que forman la capa protectora de la epidermis, limpiar los poros y activar la circulación capilar superficial. A partir de los 50-60 años, es suficiente una frecuencia de cada 15-20 días y con un masaje suave, nunca enérgico.
  • Hidratación: Si a cualquier edad es un gesto fundamental, en las pieles maduras resulta imprescindible. Es clave para mantener o restaurar la hidratación fisiológica de la capa córnea. Una crema hidratante específica para pieles maduras debe contener poder humectante para favorecer la retención de agua en el estrado córneo, sustancias con capacidad para formar una película semioclusiva sobre la piel, reduciendo la proporción de evaporación del agua e ingredientes que aseguren una adecuada retención hídrica más o menos prolongada y mantenida en el tiempo en las capas superiores de la epidermis.
  • Estimulación: Mediante la estimulación conseguiremos reactivar muchas de las funciones cutáneas ralentizadas o prácticamente inexistentes como consecuencia del paso del tiempo. Por ejemplo, los péptidos de elastina, activan los receptores selectivos, estimulan los fibroblastos y provocan la formación de elastina; los activadores de la microcirculación, mejoran la tez y tienen una acción antiradical (flavonoides, ginkgo biloba, extractos de hamamelis y de centella asiática…), y las vitaminas, especialmente la A, que actúa sobre la proliferación y la diferenciación celular.
  • Protección: Este es el punto más importante en el cuidado de la piel madura ya que debe defenderse contra la deshidratación y el resecamiento (con sustancias reconstituyentes de la película hidrolipídica), contra el exceso de radicales libres (con productos que incluyas antioxidantes, selenio, magnesio, flavonoides….), y, sobre todo, frente al exceso de los rayos solares. Además de tener en cuenta el tipo de piel y la intensidad de los rayos solares en la elección del índice de protección, hay que buscar productos que contengan filtros químicos anti UVA-anti UVB, que sean liposolubles, con una pantalla física y, también, un antirradical.
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